|
Lúdicos
Los criterios lúdicos son
aquéllos que nos permiten valorar la
calidad del juguete en función de su capacidad
de divertir y entretener al niño y
a la niña.
No hay fórmulas precisas
que determinen si el juguete es divertido. Cada
niño y cada niña tiene sus propios
gustos. Lo que divierte a uno no tiene por qué
seducir a otro, pero sí que podemos ofrecer
algunas orientaciones a tener en cuenta.
Intereses de juego según
la edad
Podemos identificar
diferentes tipologías de juegos, que tienen
su mayor esplendor coincidiendo con un momento
determinado del desarrollo.
 |
Desde el
nacimiento predominan los juegos de exploración
y experimentación de las posibilidades
del propio cuerpo y el entorno.
|
 |
Sobre los dos años
aparecen los juegos de "hacer como si
",
en los que se imita el mundo de los adultos
y de los personajes fantásticos.
|
 |
Alrededor de los cinco
años aparece el interés por
los juegos que someten a los jugadores a unas
reglas precisas que determinan quién
gana y quién pierde. |
La aparición de estos
tipos de juego no implica que uno sea sustituido
por el siguiente, sino que, en cada etapa, el
nuevo juego que aparece enriquece y diversifica
las posibilidades de diversión, predominando
sobre las demás formas de juego. Cabe destacar
una cuarta categoría, la formada por los
juegos de construcción y montaje, que se
desarrolla y evoluciona en paralelo respecto a
las otras.
Interés según
la sensación que propone
Por otra parte, podemos
identificar algunos elementos en los juegos y
juguetes que provocan sensaciones capaces de hacer
disfrutar intensamente a los niños, dependiendo
de las preferencias y del carácter de cada
cual.
 |
Uno de estos elementos es el
reto, ya sea entendido como competición
con otros jugadores o simplemente como la
sensación de poder enfrentarse a un
desafío para superarlo. Formarían
parte de estos juegos aquellas propuestas
en las que nos encontramos en condiciones
de relativa igualdad con nuestros oponentes
y cada cual busca, con esfuerzo y concentración,
la forma de demostrar su habilidad o saber,
para conseguir el objetivo propuesto. Los
juegos deportivos y los juegos de mesa de
tipo ajedrez, naipes, etc. son buenos ejemplos.
Respecto a los retos individuales, en esta
categoría se incluyen todos los juegos
que nos obligan a desplegar nuestras habilidades
para resolverlos: puzzles, juegos de enigmas,
de crucigramas, construcciones que exigen
precisión y equilibrio, etc.
|
 |
El factor suerte es
otro de los elementos que puede cargar a un
juego de diversión y atractivo. En
este tipo de juegos, ganar o perder no depende
de la habilidad o del buen hacer del jugador
sino de la decisión de un dado, una
ruleta o una carta de la suerte. Estos juegos
acostumbran a estar combinados con otros retos
que sí nos piden el despliegue de alguna
habilidad, pero la decisión final está
por encima del esfuerzo de cada jugador. Juegos
como la Oca, el Parchís, etc. tienen
su atractivo en la suerte que nos brinda el
dado.
|
 |
Otro elemento atractivo a los
ojos de los niños es la imitación,
la posibilidad de recrear un mundo de fantasía
o un mundo cotidiano que funciona con sus
propias reglas y normas. Ejemplos de esta
categoría son los juguetes que favorecen
la imitación, como muñecas,
coches, disfraces o cocinas; los juegos de
mesa que proponen escenarios ficticios en
los que simular o recrear aventuras sintiéndose
un héroe de ficción, un magnate
de las finanzas o un detective; los juguetes
que permiten construir escenarios en los que
representar situaciones y aventuras, como
figuras en miniatura, juegos de construcción
o animales de plástico o resina, cuanto
más reales, mejor.
|
 |
Por último, cabe citar
todos aquellos juegos y juguetes que son capaces
de provocar una sensación de vértigo
controlado o de sorpresa que roza el susto
para, acto seguido, dar paso a risas y alegría,
como es el caso de los toboganes, las bicicletas
y triciclos, los balancines, las cajas de
sorpresa
|
En definitiva, cada edad disfruta
del juego de una forma diferente. La sorpresa,
la suerte, el reto y la simulación son
características que favorecen esa diversión
en distintos momentos de la vida de los niños.
Es fundamental que todos estos objetos
dejen un importante margen de acción, con
un espacio para el descubrimiento y la experimentación
del mundo infantil. Si son excesivamente sofisticados
y lo hacen todo por sí solos, no favorecen
la acción, limitando al niño a la
observación e impidiéndole una participación
activa y creativa.
|